La mayor parte de la gente piensa que el ajedrez es la metáfora de una batalla ideal, y es cierto. Es una batalla ideal porque las fuerzas distribuidas en el campo son idénticas y la única ventaja es que las blancas se mueven en primer lugar. Todo depende exclusivamente de la inteligencia y de la habilidad del comandante.
¿Saben lo que decía Napoleón? Que prefería los generales afortunados a los buenos. A menudo la suerte es un elemento fundamental. Gracias a la tenacidad y al esfuerzo podemos llegar a rozar el objetivo. Pero al final… una simple menudencia puede dar al traste con todo…
Pero el ajedrez no solo representa una batalla. Describe también a los hombres. El caballo es el único que se mueve en dos direcciones al mismo tiempo. El caballo es el que da vueltas alrededor de ti, el que desequilibra, el que te coge por detrás. Es el soldado de los recursos imprevistos, el que te pilla por sorpresa, el que nunca persigue directamente el objetivo porque prefiere los caminos tortuosos.
Justo el contrario que la torre. La torre es un guerrero impávido, fuerte y valeroso. Pero, por desgracia, demasiado previsible… Sigue su camino sin mirar a nadie a la cara. Lamentablemente no se sabe adaptar, no tiene soluciones alternativas. En pocas palabras, carece por completo de fantasía.
¿Y el alfil? El alfil también se mueve en línea recta. No niego que el movimiento del alfil se parece al de la torre. Pero el alfil no va derecho, no: su desplazamiento es sesgado, oblicuo. Al contrario que el caballo, no puede saltar otra pieza, pero sus movimientos son traicioneros. Si te distraes el alfil puede hacértelo pagar. Gracias a su movimiento oblicuo es capaz de romper cualquier defensa, algo que jamás le sucederá a la torre.
¿Y los peones? Los peones son la carnaza. Simples soldados. Pero ni siquiera con ellos puedes descuidarte. Son las únicas piezas que no matan a las que tienen delante, sino al lado. Recuerdan a un soldado de infantería con una metralleta en la mano: pueden ser peligrosos.
Y luego tenemos a la reina. La más fuerte de todos. Es la más valiosa. Precisamente por eso no puedes perderla bajo ningún concepto. Tienes que protegerla. No puedes exponerla en un combate cuerpo a cuerpo. La reina solo golpea cuando está segura; o cuando no hay más remedio.
Falta el rey. El rey. El verdadero objetivo del juego, a pesar de que no sabe hacer nada. ¿No les parece extraño? Solo se mueve dando un paso cada vez. Es tan débil e inocuo que, para protegerlo, tuvieron que inventar un movimiento específico, el enroque.
Muchos dicen que debería ser el más fuerte y lo es. Lo que ocurre es que rey no es tan solo el que va a la batalla a dar órdenes a los soldados. El rey es algo más… El rey es el ideal por el que luchan todos. Es el Santo Grial, el fin supremo, la verdadera razón de cualquier guerra. No es una persona o una simple pieza, es algo mucho, mucho más importante. Es la razón por la que estamos combatiendo aquí.
Bueno, creo que podemos empezar a jugar.














