Moisés Balbuena
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Sentarse a disfrutar la televisión los fines de semana, se ha vuelto una verdadera ruleta de la suerte (es esa ruleta que se divide en varios gajos con diferentes premios o hasta castigos y el concursante la hacía girar a la suerte de donde caería), pues en eso se han convertido las producciones locales denominados programas de “Variedades”, una cuestión de suerte.
Es que nosotros somos los concursantes en una ruleta donde la suerte sería que la producción de algunos de esos espacios contenga algo diferente y de atractivo al público. Es de todos conocidos que la televisión atraviesa una crisis no solo en el aspecto económico, también diríamos que de contenido.
Giremos la ruleta y ganemos un número, este representa un canal y un programa, en el veremos concursos de bailes sin ninguna novedad, concursos de cantos sin ningún objetivo, debates con los mismos temas, en fin, sin mucho que ofrecer. Así como en la política hemos perdido la capacidad de exigir calidad, nos hemos convertido en una sociedad conformista con lo que nos.
Y es que en estos tiempos, sería una suerte encontrar un espacio que te mantenga atado a él durante todo su horario, como ocurría con los maratónicos de “El Gordo de la Semana” y “Sábado de Corporán”, ya esa suerte existe poco y la gente emigra de un lugar a otro con el famoso “zapping”, donde buscamos por momentos específicos, de ahí los famosos picos en los medidores de público.
La rueda de la suerte sigue rodando, esperando que en algún momento la fortuna nos toque con su dicha, deseando que aprendamos a pedir calidad y no cantidad, o ambas, si así es que lo prefieren. Pero como adaptando un viejo refrán que diría de este modo: “Los pueblos tienen la televisión que se merecen”.














