En los últimos años hemos visto un desarrollo sin medidas de algunos exponentes de la música urbana, aunque cueste decirlo, ese progreso en muchos casos no se deduce en un aspecto estrictamente de la música, ojalá fuera más en ese sentido y no simplemente en el de suplir un ego que se alimenta con cada peso o auto que se suma a lo que ellos denominan “éxito”.
De vez en vez surgirán quienes dirán que de eso trata la cultura urbana, claro que si tomamos como referencia a esos exponentes de fama mundial, podremos notar que para ellos eso no es lo primordial, quizás en una época lo fue, por qué no lo vamos a admitir, pero hace mucho tiempo que lucir los autos de lujos y mostrar los fajos de dinero dejó de ser algo para exhibir.
Ha llegado la hora que los artistas urbanos dominicanos dejen de enfocarse en el Yo-Yo, donde todo es “Yo tengo”, “Yo tengo”, “Yo tengo” y “Más tengo”. Es que ninguno se ha interesado en crear algo que le perdure a través del tiempo, invertir ese dinero que ellos se ganan en autos, ropa y lujos, no es la mejor inversión que puedan hacer.
Es momento de que piensen en un futuro, cuando la música urbana concluya su ciclo, como ocurre con todos los géneros, hoy están en la cima y luego bajan. Crear empresas relacionadas con la música, la ropa, hacer de su nombre una marca y no que las marcas lo usen por su nombre, crear fundaciones de ayuda a aquellos que menos tienen, retribuir un poco de eso que tienen entre los que no, fomentar el desarrollo de nuevos artistas, sin el miedo a que los destronen, crear una disquera que ayude al género, en fin, es un sin número de opciones y en ninguna vemos que nuestros urbanos vean más allá de sus narices, mientras tanto, que siga el Yo-Yo a ver cuánto les dura. “La mentira es el mayor ego”, Alejandro Jodorowsky.














