La tecnología – que si vino a facilitarnos la vida – sin pensarlo diríamos que sí, pero claro está, así como la ha simplificado, también la ha complicado, en el sentido de que nosotros los periodistas quienes se supone que estamos para investigar, hemos tomado el camino (me incluyo) de lo simple, lo sencillo, lo fácil y todos los demás sinónimos, para realizar nuestro trabajo de una manera más acomodada y sin el trajín del día a día.
No estoy diciendo que volvamos a los tiempos de la máquina de escribir, ni a las pilas de papeles, aunque sería bueno que las cosas fueran un poco más complicadas, para así tal vez apreciarlas un chin más. La tecnología ha sido tan bien aprovechada que ya hasta hemos olvidado escribir a mano, no sabemos ir a un lugar y tomar notas, solo queremos que nos den la nota de prensa y si es digital mucho mejor, para así solo corregir algunas cosas y hacer creer que la escribimos nosotros.
Muchos me juzgarán y dirán que yo hago o hice lo que estoy describiendo, pero no por hacerlo es lo correcto, la tecnología ha ayudado a desarrollar, pero los contra existen y no han sido exactamente para bien, los más veteranos estarán de acuerdo conmigo o quizás compartan algunos criterios. Lo queremos todo, queremos hacerlo todo por Google, no queremos ir a las fuentes, no queremos ir a los hechos, no queremos usar el teléfono, no queremos visitar, no queremos ir a los archivos, no queremos nada, todo lo queremos resolver desde la comodidad de una redacción y cuando nos envían a la calle ponemos cara de que no nos están pagando para ello. Ojalá las nuevas generaciones del periodismo entendieran lo satisfactorio que resulta cuando se investiga y se hace por sus propios méritos una nota o un artículo o un reportaje, el deber del trabajo realizado con esfuerzo y que no fue un simple copiar y pegar.
“La literatura es el arte de escribir algo que se lee dos veces; el periodismo, el de escribir algo que se lee una vez”, Cyril Connolly.














